Llegamos a la
puerta del avión. Nos dirigimos a Roma. Después del retraso de unos 45 minutos,
todo el pasaje está algo nervioso y enojado. Miro mi tarjeta de embarque y veo
la fila y el número de asiento. Llegando por el fino pasillo a mi asiento. Me
encuentro con la "grata" sorpresa de unos jóvenes italianos en
nuestros asientos. Les digo
Yo – Perdona,
pero estos son nuestros sitios – Y les señalo con el dedo la tarjeta de embarque.
Me mira y me
dice chulescamente – ¿Qué más da? sentaros en otro lado.
Busco con la
mirada a la azafata. Para quejarme como un colegial que se "chiva" a
la "seño" del mal comportamiento de un compañero de clase. Entonces
uno de mis amigos, el más valiente, grita;
Amigo – Que os
quitéis de aquí que son los nuestros.
Ellos empiezan
a quejarse y levantarse. En ese momento viene la azafata y después de discutirse
con ellos. Tras varios minutos se levantan unas treinta personas y se sientan
por todo el avión. Se ve que medio avión se había sentado donde les daba la
gana.
Se levanta la
persona que ocupaba mi sitio y me dice – ¡Nos vemos en Roma!
Yo – Eso espero
– no lo digo en tono vacilón sino más bien porque sino nos vemos es que el
avión se ha caído.
Un avión no es
un autobús y eso aun hay gente que no lo ha entendido. O si lo entiende pero no
respeta ninguna norma porque son así de maleducados.
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